Si te gusta la moda en piel y vas de compras por Barcelona, aunque seas una veterana consumidora de cuero y peletería, es más que probable que alguna vez te hayan colado un bolso o una cazadora sintéticos como auténticos.


No importa la pericia que despliegues: los falsificadores se han convertido en verdaderos «artistas» a prueba de fashionistas como tú.


Entonces, ¿cómo distinguir lo genuino de la falsificación?


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El primer paso lógico, examinar la etiqueta, es solo relativamente útil: la denominación genuine leather sí garantiza la legitimidad, pero en absoluto la calidad; por otra parte, no esperes que por que ponga Gucci sea un Gucci (ahí los imitadores llevan ventaja).

 

Así que vayamos al análisis de lo que importa: el material. A primera vista, dispones de dos signos claros de veracidad: el aspecto «poroso» (si te fijas, podrás ver los poros de la piel) y el color, mucho más natural que en una falsifiación.

Tu mejor juez serán tres de tus sentidos: la vista, el tacto y el olfato

¿Y el tacto? Si tocas la piel genuina, notarás que es más cálida, más elástica (tras presionarla, vuelve inmediatamente a su forma original) y, además, mucho más dura (traspasarla con una aguja es realmente costoso). Otro truco es rascarla con las uñas: observarás como desprende una especie de polvillo, cosa que no sucede con la artificial.

 

El olor del cuero también es un distintivo; aunque la aparición de odorizantes que logran reproducirlo lo elimina también como indicio fiable.

 

¿Existe, finalmente, algo infalible? Muchos te dirán que el precio pero ¿y las gangas? Otros te hablarán de la «prueba de fuego» (si intentas quemar un bolso de piel, se contraerá, pero no arderá).

 

Definitivamente, confiamos en ti y no creemos que sea necesario llegar a ese extremo: con tu instinto y estas pequeñas estratagemas que te hemos contado, consideramos más que garantizada la pureza de tus pieles.

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